Cuenta una anécdota que un grupo de aborígenes australianos cogieron un avión para asistir a un congreso en una ciudad lejana. Al aterrizar en el aeropuerto de destino, el pasaje empezó a andar con prisas hacia la salida, yendo de modo automático a recoger su equipaje. Sin embargo, los aborígenes se sentaron dejando que la gente les adelantara a  otro ritmo. Uno de los pasajeros les preguntó qué les ocurría, a lo que los aborígenes contestaron: “Nuestros cuerpos han llegado, pero tenemos que esperar a que lleguen nuestras mentes”. 

Nuestro día a día se ha acelerado. Las rutinas se han visto reinventadas, interpretando cantidades ingentes de información sin tiempo para asimilarlas y comprenderlas adecuadamente. Corremos de un lado a otro sin disfrutar de donde estamos y comemos sin saborear los platos que disfrutamos. Esta frenética tendencia ha provocado la aparición de un nuevo estilo de vida: el Movimiento Slow. 

Originalmente limitado a la gastronomía, el movimiento Slow reivindica la tranquilidad como sinónimo de calidad. El planteamiento más global de esta ideología promueve hacer a un ritmo más lento esas actividades realmente interesantes para nosotros. Y sin duda, una de las actividades que nos enriquecen y que deben ser saboreadas con lentitud es el turismo. 

En esta nueva forma de viajar, la planificación no es tan importante. El viajero debe emplear su tiempo en investigar el destino, prestando especial atención a la cultura local, ya que lo que se busca es poder tener una inmersión o experiencia enriquecedora en todos los aspectos del viaje. 

Aunque su implantación va por detrás de otros países como ItaliaFrancia o centroeuropa, el turismo slow también ha buscado espacio de desarrollo en nuestro país. 

Uno de los destinos que más ha apostado por esta tendencia es Menorca, que incluso creó la marca Menorca Slow, gracias a las condiciones de tranquilidad que ofrece la isla y a la gran presencia de la naturaleza en todo su territorio, así como a una red de alojamientos adaptada a esta nueva filosofía en los viajes.  

Además, 10 municipios españoles forman parte de la red de ciudades slow por el turismo sostenible, una asociación internacional con presencia en cerca de 30 países, que quiere poner en valor las cualidades paisajísticas, gastronómicas, culturales o de implicación social de los mismos.